Perashat Vaiakhel 5779 – Rab Netanel Moshé Duer – Bajurim Tiferet Israel

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El disfraz


La Torá nos cuenta acerca de los presidentes de las tribus quienes fueron los encargados en traer las piedras que hacían falta para el pectoral del Cohen Gadol en la época del Mishkan. Como ya sabemos el valor de estas piedras era muy valioso y seguramente que la acción de los dirigentes de las tribus tendrán un gran mérito a raíz de esto. Pero no todo es color de rosa ya que la Torá cuando los nombra sus nombres aparecen incompletos. Rashí explica que la causa por la cual la Torá los nombra de este modo es debido a que en el momento en que fueron requeridos todos los Iehudim para hacer donaciones con el fin de construir el Mishkan ellos propusieron que  la gente traiga todo lo que puedan y ellos garantizaron que posteriormente traerían lo que resta. A simple vista esta actitud se ve como un acto muy elevado, ya que cuando se hace una colecta, corren riesgo de que se recaude muy poco y la diferencia sea muy grande. Solo que el punto de vista de la Torá en este caso es diferente. La Torá en lugar de felicitar a los dirigentes por esta actitud, por el contrario, lo reprocha e inclusive los multa al quitarles una letra de sus nombres.

En primer lugar para comprender cual es esta multa debemos regresar a nuestra matriarca Sarah quien en primer lugar su nombre era “Sarai”. En el momento que Hashem decidió cambiar su nombre con el fin de que cambie su destino y poder procrear le fue quitada la letra “Iud” y en su lugar se le agregó una letra “He”. En ese momento la letra “Iud” fue a reclamar delante del trono celestial y como compensación le fue regresado en el nombre de Yehoshúa cuando por la tefilá de Moshé se le hizo un refuerzo en su nombre para poder salvarse del consejo malo de los espías. Si bien no tenemos una noción exacta de lo que esto significa, de todos modos, está claro que una letra más o menos en la Torá significa mucho, más aun cuando esto se representa en nuestro nombre.

Es necesario comprender cuál fue la equivocación de los presidentes de las tribus. Los Jajamim explican que desde el cielo no fue considerado como un modo de generosidad extremo la actitud de los “Nesihim”, sino que por el contrario es considerado como un acto de pereza. Así como una persona no tiene ganas en un momento de hacer algo y dice que después lo hará con más fuerza, pero mientras tanto no está dispuesto a moverse. Es por eso que la Torá los multa con este castigo de quitarles una letra de sus nombres con el objetivo de dejar en claro que  esta actitud no fue un acto de grandeza, sino que por el contrario, fue un acto de pereza.

Normalmente  todas las acciones que hacemos en nuestra vida pueden tener una intención positiva o a la inversa, negativa. Muchas veces, a simple vista, no está claro si somos personas muy elevadas y tenemos buenas intenciones o que escondemos en una acción que parece neutra una intención negativa. Es por eso que tenemos que ser verdaderamente objetivos cuando evaluamos nuestras decisiones que no estén disfrazadas con un manto de  santidad. La Torá que sabe la verdadera intención de cada persona dentro de su corazón nos puede atestiguar cual era la verdadera intención de los “Nesihim”.

Cuentan de los actos de generosidad que tenía el Rab Najum de Orodna. En muchas oportunidades salía por muchas horas con el fin de hacer que la gente haga donativos para gente muy necesitada y al término de la jornada se encargaba de repartir a quien correspondía. Una noche, ya tarde, mientras recorría las calles de la ciudad cayó hasta lastimarse muy fuerte y quedar tendido en el piso. Luego de unos minutos pasaba por allí un carrero quien lo ayudo a levantarse y a  subirlo a su carro. Una vez que el Rab ya se había acomodado, el carrero comenzó a dirigirlo hacia su casa. Cuando el Rab percibió que el hombre pensaba llevarlo hasta su casa, le dijo que no piensa regresar, ya que debe continuar en su tarea. El hombre le dijo en esas condiciones no puede continuar y debe descansar para reponerse, pero el Rab no estuvo de acuerdo y para ello le explicó de esta manera: ¿Qué haces a esta noche recorriendo y haciendo viajes por la ciudad? El hombre respondió que esto se debe a que  su familia lo necesita y por lo tanto hasta que no asegure el bienestar de ellos no puede darse el lujo de regresar. El Rab le explicó que de el mismo modo. Así como él continua trabajando cuando hay solo unas cuantas personas que lo necesitan, cuanto más en su caso que hay cientos de personas que están esperando su ayuda, que no se puede dar el lujo de irse a su casa a descansar hasta que asegure el bienestar de muchos de ellos.

Seguramente el Rab tenía infinidad de argumentos para quedar exento de ayudar a los necesitados, pero carga con el sufrimiento ajeno y se hace cargo inmediatamente de ello, recogiendo el guante. Cada uno de nosotros debemos investigar si realmente nuestros actos tienen una connotación positiva o a la inversa, negativa.

Netanel Moshé Duer, Adar 1 5779

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