Perashat Miketz Janucá 5779 – Rab Netanel Moshé Duer

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Luz de emergencia


El Talmud en el tratado de Shabat 21b dice que el horario para encender el candelabro de Janucá es “desde que cae el sol y oscurece hasta que se acaben los transeúntes de la calle.” El libro “Kedushat Levy” del Rab de Berdychiv explica que el horario de la puesta del sol representa a los tiempos en que a la persona se le oscurecen las cosas. Viene a ser cuando Hashem se comporta con él con la vara de la justicia. Así como hacia la tarde lo que estaba claro comienza a oscurecerse, del mismo modo a la persona lo que hasta ahora veía claro empieza a tener interrogantes. Estos momentos son difíciles de ver la presencia de Hashem sobre el mundo. ¿Qué debe hacer una persona en una situación así? Para esto viene el talmud a enseñarnos que la solución es encender las luminarias de Janucá. De esta manera se encenderá una luz de emergencia interior, la luz de la fe que nos ilumina el camino de la vida con la confianza que también en estas situaciones está Hashem junto a nosotros para guiarnos en la vida. Esto debe hacerlo hasta que se acaben las nubes que dan vueltas por la calle confundiéndolo con pensamientos negativos. Es por eso que la Torá lo compara con los transeúntes, que vienen  a ser los oportunistas que dan vueltas intentando hacer tropezar a los que están perdidos deambulando.

El Talmud dice en el tratado de Iomá 12ª los sitios que tenía la tribu de Iehudá en el Bet Hamikdash. Enumera los alrededores del Bet Hamikdash llamado “Har Habait”, las oficinas, y los patios (Azarot). Luego aclara los que estaban bajo el dominio de Biniamín, el Hall (Ulam), el Eijal y el Kodesh Hakodashim. El Talmud aclara que una línea en forma de soga que salía del territorio de Iehudá y entraba en el territorio de Biniamín, donde se encontraba el Altar. Biniamín sufría todos los días en recuperarla. Es por ese deseo que tuvo el mérito de ser anfitrión de la divinidad.

Para poder comprender este fragmento del Talmud hace falta recordar lo que dice el Midrash. Cuando fue encontrado en las alforjas de Biniamín la copa del virrey de Egipto (La cual había sido puesta de forma intencional) sus hermanos lo acusaron de “Ladrón hijo de ladrona” en alusión a su madre quien había robado las estatuillas de su abuelo Lavan. El Midrash Tanjuma agrega que cada uno de los hermanos lo golpearon con una soga. Por cada uno de esos golpes injustificados Hashem lo recompensó con ser quien reciba a la divinidad en el santo templo. El único que no  golpeó a Biniamín fue Iehudá, ya que él se había hecho responsable de su vida y es por eso que en el futuro sale del territorio de Iehudá como “Una soga” quitándole el espacio del Altar. Cuestión por la cual Biniamín sufría por no haber recibido también de él en ese momento y de esa manera quedarse con todo, pero no fue así.

Por supuesto que cuando Biniamín estaba sufriendo ese fatídico momento rezaba que se termine lo más rápido posible, pero una vez que eso ya ha pasado, nos arrepentimos de por qué no fué un poco más. Así como ocurrió con Biniamín quien con el diario del lunes hubiera preferido que también Iehudá le haya pegado, ya que a la larga saldría más beneficiado.

La luz de Janucá nos ilumina el camino justamente cuando la vida parece ponerse oscura. La emuná en Hashem nos hace ver más allá. Nos enseña a no quedarnos trabados en el sitio de la dificultad, sino que podamos sentir su compañía y comprender que es Él quien eligió la ruta y seguramente este camino llega a un buen destino y esta es justamente la única ruta por la cual se puede llegar a ese lugar. Gravémonos en el corazón que después agradeceremos  que nos ocurrieron esos sucesos y nosotros mismos los hubiéramos pedido, solo que en la oscuridad no podemos reconocer el camino y nos da miedo caminar en él. Es por eso que la solución es prender las luces de emergencias y así guiarnos con su luz.

Netanel Moshé Duer, Kislev 5779

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