Perashat Ekev 5778 – Rab Netanel Moshé Duer – Bajurim Tiferet Israel

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El arte de escuchar


La Torá cita en uno de los fragmentos de nuestra perashá la segunda parte del Shemá que ya había comenzado en la perashá de la semana pasada. Las primeras palabras de este párrafo la Torá dice: “Y será cuando escucharás…” A simple vista el concepto de escuchar al que se refiere la Torá consiste en abrir los oídos para atender a quien nos dirige la palabra. Pero los Jajamim nos dicen que es algo un poco más profundo que eso.  Cuando la Torá  utiliza el verso escuchar en realidad no se refiere a escuchar solamente sino que la intención es que quien está frente a nosotros nos entienda y comprenda lo que se le está diciendo.

Hay un ejemplo muy conocido que ocurrió en la vida real que es útil para comprender este concepto. Cuando se crearon los trenes generó la atención de toda la humanidad. Era muy interesante de ver esos gigantes que se deslizaban por las vías de acero. Es por eso que muchas personas se acercaban a las estaciones con el solo interés de poder verlos circular a pesar de que no tenían recursos para viajar en ellos.

Había un campesino que también se acercó a una estación con el fin de poder conocer el nuevo medio de transporte. Cuando llegó a ese lugar el tren todavía no se había acercado  allí. Este mientras miraba todo lo que había a su alrededor vio las vías que estaban atornilladas con unos tornillos muy grandes y fuertes. Este hombre no tuvo mejor idea que creer que alguno de ellos le pudiera servir para las herraduras de sus caballos. Entonces se bajo a las vías, (sin saber que por ahí pasaría prontamente el tren) para intentar destornillar alguno de ellos. Por supuesto que esto era muy dificultoso  y a medida que iban pasando los minutos el tren cada vez se acercaba más a ese lugar. Cuando ya estaba a una distancia en la cual se podía ver la estación el maquinista ve que hay una persona sobre las vías. En ese momento comenzó a hacer luces y tocar las bocinas para anunciar su llegada y que este hombre salve su vida antes de ser arrollado por el tren que venía  a gran velocidad. Este sujeto en vez de correrse de ese lugar cree que están festejando como si fueran el trencito de la alegría y comienza a bailar desde las vías agitándose para un lado y para el otro. A medida que se va acercando el tren el conductor desespera en anunciar su llegada y ya casi la inevitable coalición. Pero el hombre sigue sin comprender que se trata y ni se le ocurre hacerse a un lado. En cambio saluda a la maquina con alegría. No hace falta decir como es el desenlace de esta triste historia. Estamos seguros que esta persona ha escuchado los anuncios del maquinista. ¿Pero se le puede considerar que ha escuchado realmente? Esto está claro que no significa escuchar. Escuchar significa comprender el mensaje. Saber qué es lo que nos quieren decir. Eso es escuchar.

Cuando la Torá nos dice: “Y será cuando escucharás…” no se refiere a que solo oigamos sonidos, la intención de la Torá es que seamos capaces de comprender el mensaje.

En la Yeshivá del Jafetz Jaim había un alumno que era bueno, pero se destacaba por su interés en los honores que podría recibir de los demás, persiguiendo constantemente el respeto y la aceptación de otros hacia él. El Jafetz Jaim viendo esta situación citó al alumno a una conversación privada. Cuando estaban los dos solos el Rab le preguntó acerca de un fragmento que está escrito en el tratado de Irubin 13b “todo el que persigue detrás de la grandeza, la grandeza  se escapa de él.” De allí sale la frase que dice que quien persigue los honores, ellos se alejan de él. Fue entonces que el Rab le preguntó para qué hace falta que el talmud agregue la palabra “Todo”. ¿Acaso no alcanza decir que quien persigue la grandeza o los honores estos se alejan de él? ¿Qué viene a agregar esta generalización? El joven se quedó callado esperando la respuesta del maestro. El Jafetz Jaim continuó diciendo que también una persona como quien está frente a él quien realmente es un gran alumno, con excelentes cualidades en el caso que persiga los honores estos se van a alejan de él como castigo de haberse comportado de esa forma. En cambio quien se aleja de los honores, también cuando no es merecedor de ellos, a pesar de no ser merecedor de ellos, de todos modos por el único merito de alejarse de ellos, ya tiene un motivo para que lo persigan y lo alcancen.

Luego de la enseñanza del Rab, el joven salió de su encuentro con el erudito y sus compañeros le preguntaron qué fue lo que le había dicho. El muchacho respondió que lo reunió para hacerle saber qué gran alumno era y que buenas cualidades tiene, hasta el punto que es merecedor de honores.

No hacen falta muchas palabras para dejar en claro que cada uno escucha lo que quiere escuchar. En la mayoría de los casos las personas eligen lo que les viene bien y eso lo dimensionan. En cambio lo que no nos conviene lo desechamos. Eso no es escuchar. La grandeza es comprender cuál es el mensaje en cada conversación.

He leído en un libro esta frase que creo que nos puede ayudar mucho: “Si examinamos detenidamente la comunicación, nos daremos cuenta de que ella descansa principalmente, no en el hablar sino en el escuchar. El escuchar es el elemento clave de la comunicación. De modo que hablamos para ser escuchados. El hablar efectivo sólo se logra cuando es seguido de un escuchar efectivo. Es el escuchar el que valida el acto de hablar. Es el escuchar, no el hablar, lo que confiere sentido a lo que decimos. Por lo tanto, el escuchar es lo que determina todo el proceso de la comunicación.”

En la sociedad que vivimos se le da muy poco valor al escuchar y todo el tiempo estamos preocupados por decir lo que sentimos, convirtiendo cada conversación en un monólogo, en una conversación de sordos. Para que una conversación pueda dar frutos hay que dejar hablar hasta el final a  nuestro interlocutor prestando atención a lo que se dice y siendo lo más objetivo posible de captar el verdadero mensaje.

Netanel Moshé Duer, Ab 5778

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