Perashat Bó 5779 – Rab Netanel Moshé Duer – Bajurim Tiferet Israel

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El buque de Guerra


Esta historia ocurrió unos años después de que termine la segunda guerra mundial. El Rab Israel Jaim Kaplan Zz”l era el Mashguiaj de la Yeshivá “Bet Midrash Elión de los Estados Unidos”. Ese viernes a la noche todos los alumnos de la Yeshivá vieron la terrible tragedia de uno de los barcos de la armada americana más grandes que había en esa época levantarse en llamas. La escena era había sido muy impresionante para todas las personas que vivían por esos pagos. En la tarde del sábado cuando el Rab acostumbraba a hablar durante la seudá shelishit preguntó a los alumnos acerca de lo que había ocurrido la noche anterior. Todos respondieron que lo vieron muy sorprendidos e impactados. El Rab preguntó a los alumnos acerca de cuál fue la reacción de ellos cuando vieron la tragedia. Los jóvenes no comprendieron mucho de que se trataba la pregunta, ya que no había mucho lo que hacer frente a una situación tan límite y más, cuando los mismos expertos de la armada se estaban ocupando del problema. En ese momento el Rab dijo: “¿Quieren saber que fue lo que hice yo? Tome rápido mi libro de Tehilim y comencé a  hacer tefilá y a llorar por miedo a que allí dentro allá encerrado y en peligro de vida un judío. A pesar de que este supuesto judío que esté en peligro de vida no sea creyente o respete las Mitzvot,  de todos modos, es posible que este soldado mañana se case y traiga un niño judío que se acerque a la teshubá y en el futuro pueda ser un soldado, pero no de la armada americana, sino del ejercito de Hashem.” Para finalizar dijo el Rab Kaplan Zz”l: “quien dice que no se haya salvado una persona de esa tefilá.”

Esta historia fue contada muchos años después por un hombre alumno de la Yeshivá cuando su hijo se casó con una mujer de la zona. Al término de la historia el padre de la novia le descubrió que él personalmente es uno de los sobrevivientes de esa tragedia. No solamente eso, sino que después de haber sido rescatado de la embarcación y estar a salvo, regresó al lugar y ayudó a salvar a su hermano que había quedado atrapado en el lugar, siendo de los pocos que se salvaron de semejante desastre. Después de verificar algunos datos y de certificar que se trataba del mismo acontecimiento se puso de pie para contarle al publico la coincidencia y de cómo realmente las palabras del Mashguiaj dieron sus frutos e incluso unió en el futuro en matrimonio a dos familias relacionadas con la historia.

Muchos años después el nieto, hijo de esa pareja, escuchó la historia de sus abuelos y generó en su corazón una emoción muy grande hasta el punto que decidió llamar a su hijo que acababa de nacer con el nombre del Rab Israel Jaim, en honor al Rab Kaplan Zz”l, solo que el maestro de mi padre era Rab Jaim Shemuelevitz Zz”l y pensaba nombrarlo a su nombre. Por un lado podría llamarlo Jaim solo, ya que este nombre es común en las dos personas, pero después decidió llamarlo al nombre completo del Rab Israel Jaim, ya que hay una obligación de agradecimiento que tenemos que cumplir y seguramente el Rab Shemuelevitz estaría seguro de acuerdo que debemos respetar.

Cuenta el Rab Zilvershtein Shlita que una vez una persona le preguntó acerca de  los muchos  judíos que vivían en Egipto y murieron allí, así como lo atestiguan los Versículos y los Midrashim debido a que no cambiaron su postura y se mantuvieron cerrados a la salvación de Hashem sin volver en Teshubá. ¿Cómo es posible que no vieran los milagros que habían ocurrido allí y de cómo habían sido castigados los egipcios que se habían comportado brutalmente con nuestros padres? ¿Acaso eso no era suficiente para darse cuenta que todas las cosas en el mundo se pagan y que había quedado en claro frente a los ojos del mundo entero que existe un único D-s en el universo y este nos estaba eligiendo para ser sus hijos predilectos para siempre? ¿Cómo todo eso no pudo cambiar la ecuación frente a tanta gente?

La respuesta que le dijo este Iehudí es muy precisa. Es muy difícil aprender de los sufrimientos ajenos. Cuando las plagas caen sobre la persona que está frente a nosotros, no nos sentimos aludidos. Por momentos ni siquiera giramos la cabeza para vez lo que pasa. “No me interesa” dicen algunos. Otros dicen “A mí no me va a pasar”, o “No debe ser para tanto”, “Solo exageran”. Pocas son las personas que se sorprenden de lo que le pasa a los demás, pero para eso hace falta una sensibilidad muy grande y un gran corazón. El resto se queda en Egipto. Normalmente las personas creen que solo lo que les pasa a ellos es grave, todo lo demás se podría resolver fácilmente. El mundo se va a arreglar cuando como el Rab kaplan Zz”l la gente sienta a los demás como si fuera que se estarían viendo a un espejo, tratando de comprenderlos y ayudando como le gustaría que hagan los demás con él.

Netanel Moshé Duer, Shebat 5779

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