Perashá Vaikrá 5779 – Rab Netanel Moshé Duer – Bajurim Tiferet Israel

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El papelito


El Midrash dice que Hashem no desprecia ni devuelve la plegaria de un pobre. Agrega el Midrash que de la misma manera que Hashem no desprecia la Tefilá de un pobre, tampoco lo hace con su sacrificio, así como él dice el versículo: “Y el alma que acerca un sacrificio de donación de harina para Hashem.” Los Jajamim dicen que normalmente el que trae una donación de harina es la persona pobre. A pesar de su humilde generosidad es considerado por Hashem como si fuera que entregó su alma, ya que es todo lo que tiene para traer.

Sobre esto pregunta el Rab Leib Jasman Zz”l. podemos comprender que una donación pequeña, a pesar de su tamaño, en comparación a la de un hombre rico podría parecer insuficiente y por lo tanto hace falta aclarar que puesto a que quien la trajo puso todo su esfuerzo en ello, se considera su valor inclusive por encima de quien trajo mas, pero con más recursos. Esto se debe al esfuerzo que tuvieron que aplicar en esta misión.  Lo que no nos queda claro es en relación a la plegaria del pobre. ¿Por qué sería menos importante el rezo de un pobre en comparación a la de otra persona que tiene que venirnos a aclarar el Midrash que tiene el mismo valor?

La respuesta que explica el Rab Leib Jasman Zz”l es que cuando se refiere aquí al pobre, no es haciendo mención a un hombre pobre de recursos, quien no tiene dinero. Los Jajamim se refieren a lo nombrado  en el Talmud tratado de Menajot (104ª) que no hay pobre sino de conciencia. La persona pobre no se mide por sus posesiones, sino por las miserias en su desarrollo. Hay personas que tienen muchos recursos, pero en lo que respecta a la capacidad en conocimiento y pensamiento están a años luz debajo de sus posibilidades. Ya sobre esto está escrito que quien tiene consciencia lo tiene todo, pero a quien eso le falta, ¿Qué tiene?

Esto es en lo que respecta a la tefilá, el Midrash se refiere a quien es pobre en su formación intelectual y por lo tanto no es consciente de la importancia real de la tefilá. En este caso podríamos llegar a pensar que no es tomada en cuenta, ya que le falta vida. Es repetida de la boca para fuera y podría llegar a pasar desapercibida. Pero viene el Midrash y nos demuestra que del mismo modo que el sacrificio del pobre, a pesar de ser muy diminuto también tiene valor, exactamente igual es el rezo de alguien que no pone toda su alma en la plegaria, ya que nunca es despreciada una tefilá por el creador.   Esto es lo que está escrito en el pasuk que dice: “Y es dulce para Hashem la ofrenda de Iehudá y Ierushalaim.” todo lo que traigas será bienvenido, inclusive cuando contiene una cantidad leve de emoción, frente al creador es considerado, ya que alcanza con una chispita para causar un incendio. Del mismo modo alcanza con la mínima emoción para hacer volver a arder el alma de un Iehudí.

En muchas ocasiones nos encontramos frente a la situación de sentirnos encerrados sin poder concentrarnos en la tefilá y creer que ya estamos muy lejos de poder lograrlo. Para esta situación nos enseña la Torá que debemos hacer aunque sea un esfuerzo y esto despertará en nosotros, con la ayuda de Hashem, una renovación en nuestro interior.

Cuentan que  en un pueblito cerca de Ierushalaim vivía un Iehudí campesino, que ni siquiera sabía el orden de la tefilá. Cada semana cuando traía mercadería para vender a la ciudad visita a un Rab quien le explicaba y anotaba  en un papelito que debía rezar cada día, ya que en el caso de faltarle el papel no sabía cómo debía proceder entre las tefilot de Shabat y de Iom Tov, Rosh Jodesh, etc.

Una vez llegó a Ierushalaim y encontró la ciudad muy apagada, como si fuera un día feriado, pero en su papelito no decía nada de que esa semana haya alguna celebración. ¿Acaso se había equivocado en su calendario? Rápidamente fue  a la casa de su Rab para quitarse la duda. Cuando llegó a su casa le preguntó el por qué de los negocios cerrados. El Rab le explicó que es un día de ayuno. El hombre le recriminó que no le dejo dicho en el papelito que debía ayunar. Pero el Rab le aclaró que no es un ayuno como los que estamos acostumbrados. Lo que pasa es que los Jajamim de Ierushalaim fijaron este día para rogar que llueva en la ciudad, ya que hay sequia y utilizan este método para pedir por las lluvias. Solo que se hace únicamente en la ciudad. El hombre muy inocente se sorprendió de la noticia y dijo que no entiende por qué hace falta hacer tanto alboroto. El tiene otro método más simple. Cada vez que hace falta que llueva en sus campos, él sale al campo y le pide a Hashem diciéndole: “Papá estoy necesitando lluvias” e inmediatamente ellas comienzan a caer.

El Rab escuchó sus palabras y le propuso que haga un intento. El hombre aceptó el reto y salió al patio del Bet Hakeneset y comenzó a llorar mientras pedía: “Papá: ¿acaso dejarías a tus hijos de esta ciudad santa que mueran de hambre? Como por arte de magia comenzó a llover frente a la sorpresa de los presentes. La inocencia de una persona nunca puede ser subestimada por nadie y menos por nosotros mismos que no sabemos la fuerza que tenemos.

Netanel Moshé Duer, Adar 2 5779

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