Perashá Nasó 5779 – Rab Netanel Moshé Duer – Bajurim Tiferet Israel

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La alcancía


“Hablaras con los hijos de Israel y les dirás a ellos, un hombre o una mujer se aparta haciendo una promesa…” (Bamidbar 6,2).

Dice el Midrash que a pesar que existe el concepto de hacer promesas, de todos modos que no crea la persona que puede prometer y jurar en el nombre de Hashem. ¿Quién si tiene permitido hacerlo? Solamente las personas que son temerosas de D-s.

Pregunta el Maguid de Dubna: ¿Cuál es la causa por la cual solamente una persona que es temeroso de D-s puede hacer promesas y no otro? ¿Acaso no le vendría bien a una persona que está alejado de Hashem hacer una promesa para comprometerse a encarrilar su camino en la vida? A más de uno esto lo ayudaría para, por intermedio de un juramento, poder encausar su vida otra vez.

Como es costumbre del Maguid la respuesta la aclara por intermedio de una parábola. En una aldea muy lejana vivían dos vecinos. Uno de ellos era leñador y si bien no era una persona de recursos de todos modos se esforzaba con sus medios todos los días para darle de comer a su familia. El otro era simplemente un ladrón. Cuando sus hijos crecieron y llegaron las hijas de los dos a la etapa de casamiento el leñador pudo hacerlo sin muchos sacrificios, así como lo hace cualquier padre que trabajo toda la vida para darle a sus hijos lo necesario para comenzar esta nueva etapa de la vida. En cambio el ladrón no tenía ni un centavo para enfrentar este acontecimiento, y por lo tanto tenía a sus hijas en su casa esperando su príncipe azul.

El ladrón le preguntó al leñador: dígame señor vecino, ¿Cómo ha hecho usted, un hombre muy sencillo para poder haber casado a sus hijas con tanta facilidad como si fueras un hombre pudiente?

Le respondió el leñador: te explicaré; cada vez que nació una de mis hijas mandé a crear un cofre de madera y una ranura en su cabeza. En ese cofre bien cerrado con un candado que yo había tirado la llave al mar. Cada vez que juntaba algún dinero lo iba guardando en ese cofre armando un capital para que cuando llegue la fecha que ellas se iban a casar tenga como enfrentarlo.

Cuando llegó el día de casarlas. Yo llamo a un experto para que rompa el cofre y con ese dinero pude casar a mis hijas con honor.

El ladrón le respondió. Esa idea es buena solo para vos, pero en cambio para mí eso no será posible ya que apenas necesite dinero lo abro ya que eso es lo más fácil para mí.

Así es la moraleja. Cuando el hombre justo promete eso es suficiente para que se respete y nadie lo transgreda. Pero en el caso que la persona no es temerosa de D-s así como no respeta la ley tampoco respeta la promesa.

Netanel Moshé Duer, Sivan 5779

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