Perashá Kedoshim 5779 – Rab Netanel Moshé Duer – Bajurim Tiferet Israel

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El golpe que aun retumba


La perashá desde el comienzo pone toda la carne al asador. Lo primero que nos pide es que seamos santos. El argumento por el cual Hashem nos pide esto es debido a que Hashem también lo es. La pregunta que podríamos hacer es: el hecho de que Hashem es santo, ¿en que nos compromete a comportarnos igual? Que Hashem sea santo y nosotros seamos lo que podamos ser. El Rab Igal Cohen explica que Hashem y el pueblo de Israel son una sola cosa y no pueden separarse por nada. El solo hecho de que Hashem sea santo nos compromete y nos obliga a intentarlo, ya que los dos somos una sola pieza.

El Midrash pregunta acerca de este Pasuk. “Kedoshim deberán ser”. ¿Es posible como El? Para eso la Torá agrega: “Ki Kadosh aní”, la santidad de Hashem está por encima de todos. Muchos se preguntan,  cómo es posible que creer que la santidad y la exigencia de Hashem hacia nosotros sean superiores a la del mismo todopoderoso. Si bien fueron dichos sobre esto muchas explicaciones de todos modos no debemos olvidarnos de lo que está escrito y eso es que no hay límite en  la escala de santidad que una persona puede llegar a alcanzar. Hasta el punto que uno puede llegar a suponer que podría llegar hasta el nivel de Hashem.

En la tefilá de todos los días decimos. “Tú eres santo, y tu nombre es santo, y los santos te santifican todos los días”. El Rabenu Iona Zz”l dice que puesto a que Hashem es santo, es necesario que los que lo proclamen sean de su misma condición. Es por eso que la Torá nos ordena comportarnos de esta forma, para poder ser aptos de proclamar su nombre.

El Rab Tenenboim Zz”l contó una historia cuando estaba en un centro de rehabilitación en Israel. Una vez vino un joven muchacho (con presencia de no religioso) y le pidió si podía acompañarlo, ya que tuvo un hijo y le van a hacer el Brit Milá y están necesitando una persona para completar Minian. El Rab accedió y juntos fueron hacia un Kibutz de la “Shomer Hatzair” (sitio conocido en particular por ser alejado del cumplimiento). Así fue que fueron hacia allí y efectivamente como le habían avisado, se encontraban allí ocho personas, junto con ellos eran justo un minian. Se hizo el Brit Milá rápidamente y al término del mismo muy agradecido con el Rab, el padre le pidió un favor mas. El joven le dijo que puesto a que tiene una imagen de religioso le gustaría que lo acompañe a visitar a su padre al geriátrico del Kibutz. El Rab acepto y cuando se encontraron el hombre le contó que cuando él era chico vino a su ciudad natal el Rab de Karlin Zz”l y a pesar de que él no era profesante de la Torá no perdió la oportunidad de conocer a quien decían que era un hombre muy justo. El viernes  a la noche se hizo el famoso Tish (Cena) junto al Rebe y todos vinieron a acompañarlo y a ver su conducta. Luego de que  comieron  ciertas comidas típicas y hayan recitado algunos canticos jasídicos el Rab se dispuso a hablar. Todos muy atentos a sus palabras el Rab dijo que a pesar de que no acostumbra a dar un discurso en el Tish, de todos modos ese día sería diferente.

Justamente esa semana se leía la perashá que leemos nosotros esta semana, Perashat Kedoshim.  El Rab dijo:  la Torá nos quiere decir que existen personas que con solo decirles “Santos serán”, les es suficiente para comprender el mensaje. Cada uno comienza a fijarse donde esta flojo en el servicio a Boré Olam, e inmediatamente pone manos a la obra para cambiar y/o mejorar lo que está mal. Pero hay otras personas que no comprenden este llamado simple, sino que necesitan que sean más explícitos. Para ellos continúa la Torá y dice: “a tu padre y a tu madre debes respetar”. Miren a sus antepasados para copiar y aprender cómo se tiene que comportar un Iehudí. Ver las generaciones anteriores son un señuelo de cómo debemos comportarnos. Pero tristemente hay personas que ya ni eso los hacen recapacitar y no miran o no hace efecto la generación anterior para cambiar el rumbo. A esas personas, dijo el Rab, mientras daba un fuerte golpe en la mesa, se le dice: “Yo soy Hashem tu D-s”. Hashem será quien te juzgue cuando termines tu misión y  tu estadía en este mundo. Ya que todos tendremos que dar cuenta de  lo que hicimos y dejamos de hacer. Dijo el anciano: “-Ese golpe causó un cambio en mi, y decidí que no puedo darle la espalda a mis antepasados. Fue entonces que decidí viajar a Israel y tener una vida más activa en lo espiritual” agregó que su hija estaba a punto de casarse con un gentil y por su consejo ella lo dejó e inmediatamente cumplieron su promesa. –“También el Brit Milá que se hizo ese día es el eco del golpe del Rab “Ienuka” de Karlin que todavía retumba.

Netanel Moshé Duer, Y-ar 5779

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