Perashá Jaié Sara 5780 – Rab Netanel Moshé Duer – Bajurim Tiferet Israel

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Tren al porvenir


“Los alemanes entraron en Polonia”, se escuchó de boca de uno de los alumnos de la Yeshivá de Klesk, mientras corría por el comedor de la Yeshivá durante el desayuno, anunciando lo que se venía. Todos saltaron de sus asientos, ya que sabían que la posibilidad de escapar de Polonia se trataba de vida o muerte. En cuestión de días toda la Yeshivá se había ido de la ciudad acompañados de su maestro Rabí Aarón Kotler huyendo hacia Lituania, la cual para esos días era un país independiente. Solo que esa tranquilidad duró solo unos días, ya que semanas después Lituania fue ocupada por los rusos que se adueñaron del país. Los tanques rusos desfilaban por la calles de Lituania como si fuera el salón de su casa. Los rusos no se tomaron mucho tiempo de adaptación y ya desde el principio  comenzaron a subyugar a los judíos y en particular a los estudiantes de Torá.

Yaacob Keviat, alumno de la Yeshivá de Klesk, sentía que la tierra se movía debajo de sus pies. Por lo tanto no estaba dispuesto a quedarse allí de ningún modo.  Inmediatamente se dirigió al consulado británico para conseguir algún permiso, con tal de poder salir de la zona de riesgo. Luego de mucho sacrificio consiguió un papel que reconocía que sería posible que el consulado le dé el permiso para entrar a Gran Bretaña. Yaacob puso mucha confianza en ese documento, ya que eso podría ser su salvación. Todos los días iba a la casilla de correo y después a la oficina para averiguar si el permiso definitivo había llegado, pero los días pasaban y este se hacía rogar. Uno de esos tantos días cuando se acercó a la oficina del consulado inglés, descubrió para su desilusión que esta ya había cerrado definitivamente y no decía a donde se había trasladado.

“No queda otra”, decidió Yaacob. “Tengo que apoyarme en el permiso que tengo y así  viajar”. Antes de salir a la travesía tan riesgosa fue delante de su maestro para pedir una bendición con tal de tener un destino bueno.  Cuando el Rab Kotler escuchó cuáles eran sus planes, intentó de algún modo de convencerlo de que no lo haga ya que no eran documentos suficientes para llegar a un destino seguro. Este podría ser acusado por intentar escapar y ser enviado directamente a Siberia.

Pero el joven Yaacob Keviat estaba muy seguro que allí él no se quedaría. “Hay gente que me ha dicho que es posible que mis documentos definitivos estén en el puerto y allí me los entreguen y pueda viajar”, a pesar de que de ello no había ninguna seguridad. El Rab al ver que estaba muy decidido de lo que estaba haciendo lo bendijo desde lo más profundo de su corazón para que pueda llegar a un destino seguro.

El joven Yaacob miró a su maestro sabiendo que era posible que no lo vuelva a ver nunca más en su vida. Tomó sus cosas y salió rumbo a un micro que lo lleve a la estación de tren donde comenzaría su travesía.

Cuando llegó a la estación del tren estaba llena de gente que iba cada uno para un lado. Su tren estaba ya esperando en el andén con las puertas abiertas. El miedo que tenia de lo que podría llegar a pasar era enloquecedor. Estaba muy solo allí, rápidamente entró en el tren y se ubicó en uno de los asientos que estaban cerca de la ventana. Lo único que hacía era decir capítulos del Tehilim para tener y contar un final feliz.

De pronto comienza a escuchar la voz de su maestro que lo llamaba. Eso era imposible. Seguramente sus miedos lo hacen sentir visiones. Pero a medida que pasaban los segundos esto se intensificaba. Se fijó por la ventana y vio que en el andén estaba su maestro buscándolo desesperadamente. El Rab lo llamó y allí se volvieron a ver como hacia un rato atrás. El Rab le dijo que se quede tranquilo ya que llegó una carta del consulado que sus permisos lo esperan en el puerto y próximamente podrá salir del país seguro.

El joven le preguntó al Rab por que se puso en peligro solo para avisarle eso, ya que el solo lo descubriría cuando llegue allí. El Rab le respondió que sabía muy bien el miedo que él tenía y se esforzó para descomprimir ese tiempo y que pueda viajar hasta allí tranquilo.

La grandeza del maestro que vivía teniendo en cuenta a su semejante sin tener un beneficio personal se aprende de nuestra matriarca Rivká quien se brindó desinteresadamente por un desconocido con Eliezer y desde allí se conformó el pueblo de Israel.

Netanel Moshé Duer, Jeshvan 5780

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