Perashá Emor 5779 – Rab Netanel Moshé Duer – Bajurim Tiferet Israel

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Un empujoncito


En la Perashá de esta semana es nombrado unos de los Pesukim más conocidos por los Cohanim. El Pasuk dice: “Y los santificaran…” esto se debe al respeto que merecen los Cohanim por ser quienes se ocupan de hacerse cargo de servicio en el Bet Hamikdash. Dicen los Jajamim que en primer lugar normalmente es de forma obligada, las personas no tienen estimulo de hacer, pero más adelante, una vez que ya está incorporado las cosas dejan de hacerse por obligación, sino que ya se hacen por incentivo propio.

Hay un versículo en Shir Hashirim que dice: “Moshjeni ajareja narutza”. La explicación es que el rey Shelomó le pide a Hashem que lo arrastre hacia Él, luego de eso detrás de ti correremos. El concepto es que en primer lugar la persona hace las cosas un poco obligado, pero en el momento en que siente el gustito, ya solo busca alcanzar sus propios objetivos. Normalmente en lo que respecta a lo espiritual el método es ese. Nadie se enamora de algo antes de ver de qué se trata. Cuando nos ofrecen ir a algún curso de Torá o a comenzar a cumplir con algún precepto, es natural que haya una resistencia de nuestro lado, ya que es un viaje a algo incierto. Al principio nos va a costar y habrá miles de impedimentos para que lo podamos hacer. Pero una vez que hayamos conseguido pasar ese primer lapso, después le espera a la persona un manantial de satisfacción de por qué sí hacerlo y no interrumpir.

Cuentan sobre Rab M. Shaarabi Zz”l quien  tenía un amor muy grande por cada Iehudí por más alejado que esté del cumplimiento.   Un shabat caminaba el rab por las calles de Ierushalaim y un joven quien no respetaba comenzó a molestar al Rab con su motocicleta. Hacia diferentes movimientos a su alrededor provocando la molestia del Rab. Los alumnos del gran Rab se pusieron muy enojados y estaban dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de hacer respetar el honor de su Rab y del Shabat. El Rab Shaarabi Zz”l les dijo que la culpa no era de él, sino que la culpa era de su motocicleta. El Rab con sus alumnos siguieron camino, pero uno de ellos, más curiosos se fue a fijar que era lo que pasaba con el muchacho que lo había provocado. Cuando fue a ver qué pasaba vio que el joven no podía poner en marcha la moto y por más que lo intentaba de muchas maneras, aparentemente no le hacía caso. El alumno se acercó y le sugirió que era posible qué esto esté pasando por la falta de respeto al gran erudito. Al principio este lo negó pero al ver que no había motivo alguno por el cual esto no funcione, reconoció que podría ser a causa de esta acción. El alumno le propuso que se acerque del Gran Rabino y le vaya a pedir disculpas. El joven acepto y fue a la casa del Rab quien se proponía a hacer Seudá Shelishit. Cuando el joven entró el Rab lo invitó a comer con ellos la última comida del Shabat. El muchacho que se encontró con toda la mesa servida y se dio cuenta que esto no le costaría dinero aceptó gustosamente. Durante esa comida disfrutó y conoció un mundo nunca visto, los cantos de Shabat, los manjares, etc. Todo estaba excelente, pero al terminar de comer le pidió al Rab que le libere su motocicleta para volver a conducir. El Rab le explicó que todavía había que rezar Arvit y después de eso tendría la moto a su disposición. El muchacho acepto y después de Arvit el Rab le dijo que podía ir tranquilo ya que su moto esta en perfectas condiciones, pero le aclaró que no vuelva a conducir en el día de Shabat ya que esta no va a responder. El joven se fue y de alguna manera se olvidó de esta advertencia.

Cuando llegó el próximo Shabat ni bien bajo el sol y entró la noche la moto de forma sorpresiva dejó de funcionar. El muchacho desesperado volvió a la casa del jajam para que se la libere. Que haga una “Atarat Nedarim” para que su moto no respete Shabat. El Rab lo invitó a pasar y le explicó con toda la dulzura de su boca que significa Shabat y en qué consiste. El joven entendió lo que el Jajamim le estaba explicando y de a poco comenzó a acercarse al judaísmo hasta el punto que hoy es padre de una familia muy numerosa con todos sus hijos en el camino de la Torá.

Esto es lo que dijimos al principio. A Hashem le pedimos que al principio nos acerque aunque sea a la fuerza, ya que después solitos vamos a correr para encontrarlo y respetarlo, tanto a Él como a su Torá.

Netanel Moshé Duer, Y-ar 5779

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