Perashá Balak 5779 – Rab Netanel Moshé Duer – Bajurim Tiferet Israel

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Soplar y hacer botellas

“¡Ojalá mi alma muera la misma muerte de los justos y que mi final sea como el suyo!”(Bamidbar 23-10).

¡A quien no le gustaría una despedida de este mundo honrada! A todos nos gustaría que venga todo la gente a rendirnos homenaje. Que digan cosas lindas de nosotros y todo el mundo sienta nuestra partida. Pero en realidad: ¿qué hacemos para ello? En la mayoría de los casos todos se visten un poco con la ropa de Bilham. Bilham durante su vida intentó permitirse todos los gustos. Nunca prefirió una vida muy disciplinada, por el contrario, se rindió a todos los placeres que se le presentaban en el camino. Pero cuando se trataba de pedir un deseo ese fue tener los honores de los grandes Jajamim para el día de su muerte. Si prestamos atención y hacemos hincapié en sus palabras veremos que no quiso tener la vida de los justos, sino solamente la muerte. Está claro que son pocos los interesados en tener una vida como la de los Jajamim, ya que para eso hay que privarse de muchas cosas. Normalmente para ser un gran Jajam debemos estar dispuestos a sacrificar cosas que para el resto son muy importantes. Paseos, entretenimientos, vicios, etc. Son pocos  los que están dispuestos a resignar de su vida personal para entregarse al todopoderoso.

A todos nosotros nos gusta participar de un Sium Masejet (Finalización de un tratado del Talmud), cuanto más si se trata de la finalización del Shas completo, pero son pocos los que se atreven a sentarse a diario una hora para conseguirlo.

Cada persona tiene que tener bien en claro cuáles son los objetivos que se propone para lograr en la vida, pero a su vez debe observar que es lo que está haciendo para conseguirlo. Tener objetivos es un primer paso importantísimo, pero así también ponerlos en marcha es vital. Seguramente para conseguirlo habrá que renunciar a otras muchas cosas que serían  lindas vivirlas. Si realmente tienes un norte, debes viajar hacia él, dejando otras cosas que amas en el camino.

Tener el destino de un hombre justo no es algo que se pueda comprar con dinero. Eso se logra con disciplina, respeto, educación, mucho estudio de Torá, valores, ética y sacrificio. De lo contrario nos estaríamos comportando como Bilham, quien se permitía todo y creía que el destino lo podía cobrar en el cajero.

Nosotros como Iehudim tenemos el legado que la persona nace para esforzarse y sacrificarse. Cualquiera que sea la meta que nos pongamos deberá hacerse por medio de mucho empeño y recién entonces se llagará con la ayuda del todopoderoso al gran objetivo.

El Rab Aizik Sher “Rosh Yeshivá” de Slavodka les enseñó siempre a sus alumnos que frente a cualquier duda de conducta que se les presente en la vida tengan la imagen como si fuera el último día de sus vidas, y si así sería como se comportarían. Una persona que vive de esta manera sin duda va a ser un gran erudito del judaísmo.

Solo que una vez le preguntaron al Rab de Salant que si una persona vive siempre teniendo en cuenta el día de su partida, ¿cómo es posible que quienes trabajan en los cementerios no sean grandes Jajamim de Israel? Entonces el Rab les respondió que sobre los caballos que llevan a  los cuerpos nadie pregunta por qué no hacen teshubá, esto se debe a que esta reacción viene arrastrada de una reflexión y conciencia.

Tener una muerte digna y honrada no es soplar y hacer botellas. Morir como un hombre justo es un gusto que muchos se quieren dar. Solo que son pocos los que hacen algo para merecerlo.

Netanel Moshé Duer, Tamuz 5779

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