Perashá Bahaalotejá 5780 – Rab Netanel Moshe Duer – Bajurim Tifheret Israel

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La providencia

“Y fue el pueblo tuvo pretextos malos frente a los oídos de Hashem.” (Bamidbar 11-1)

El pueblo de Israel no hacía mucho tiempo había sido testigo de los milagros que ocurrieron en Egipto y más aun presenciaron la entrega de la Torá frente al mundo entero dejando en claro que Hashem lo puede todo. Por encima de esto nos eligió como su pueblo preferido y sus hijos. Todo eso no fue suficiente para venir a quejarse por querer comer un asado. Basto solo viajar del monte de Sinai para que otra vez algunos comiencen a hacer de las suyas.

El “Jatam Sofer” comenta que normalmente cuando el versículo quiere referirse a un pueblo corrupto o descarrilado, dice que son “Malos frente a los ojos de Hashem”. Pero en esta ocasión dice que fueron “malos frente a los oídos de Hashem”.

Responde sobre esto que en la supervisión divina sobre el mundo existen dos tipos diferentes de comportamiento. Uno de ellos se llama “Los Ojos de Hashem” en el cual el Todopoderoso le da a sus hijos precisamente lo que se le decretó en Rosh Hashaná. Si curará, tendrá salud, sustento, felicidad, etc. Pero a su vez existe un pabellón llamado “Los oídos de Hashem” donde se puede cambiar también lo que fue decretado para las personas en el día de Rosh Hashaná por medio de las tefilot que se hacen desde lo más profundo de nuestro corazón. Esto surge en el momento en que prevalece el ruego y retumban las tefilot en los oídos de Hashem superando lo que está escrito en los libros de los decretos del cielo.

Dice el “Jatam Sofer” que en este caso el pueblo de Israel era consciente que lo que ya estaba decretado  recibirían, no tenían en cuenta el hecho de que cuando escuche Hashem a las personas las cosas puedan cambiar para un lado o para el otro. Esto específicamente fue lo que a  Hashem le molestó, ya que faltaba en este concepto.

Este comportamiento nos enseña un mensaje que es más que alentador. Si Hashem escuchó los reclamos de quienes estaban insatisfechos y se quejaban sin motivo, como no va a escuchar los ruegos y las suplicas de nuestros problemas y preocupaciones. También en el caso de que Hashem decretó algo en Rosh Hashaná (así como lo estamos viviendo) esto se puede cambiar  por medio de la Tefilá.

En una ocasión estaba el Jafetz Jaim durante una seudá Shelishit y les contó a sus alumnos una historia real:

“Hace muchos años atrás durante las horas del almuerzo de un Shabat entró uno de los feligreses al templo de la zona y se sentó al lado del Arón Hakodesh y comenzó a leer Tehilim con total devoción sin poder contener las lagrimas que le salían a cántaros.  Él sabía que en esa hora la gente descansa y nadie lo iba a molestar y se iba a poder desahogar tranquilo.

Justamente esa tarde otro Iehudí entró en el Bet Hakeneset y se sorprendió de ver a ese Iehudí tan emocionado. Puesto  que no sabía cómo actuar, decidió sentarse a un lado y también leer Tehilim para que eso sirva como zejut a lo que este hombre pedía.

Al cabo de unas horas, el segundo se acercó al hombre que lloraba y le preguntó cuál era la causa de su llanto. Este le respondió que ya hace mucho tiempo que tiene una hija sin poder casar ya que su situación económica está bajo el nivel del mar y cada vez que quiere ofrecer un Shiduj nadie está dispuesto. Probaron con todo tipo de cosas para conseguirlo, tefilot, segulot, pero nada. Durante toda la semana el no está en su casa ya que tiene que salir a la calle para traer alimento, por lo tanto no sufre tanto esa situación, pero cuando llega el Shabat y la ve sentada sola en la mesa, eso lo rompe totalmente por dentro y no puede contener las lagrimas y la tristeza. Es por eso que después de la comida viene a ese lugar para rezar por ella, para que pueda construir una casa en el pueblo de Israel.

El otro Iehudí al escuchar eso le dijo que en ese momento hay una providencia divina muy grande, ya que él está en la misma situación con su hijo y si está dispuesto pueden concretar una cita entre ellos. Así fue que hicieron y al cabo de un tiempo se casaron con mucha alegría”.

Sobre esto agregó el Jafetz Jaim que ese no fue un matrimonio más, ya que de esa pareja nacieron cuatro chicos, que durante mucho tiempo fueron de los dirigentes espirituales del pueblo de Israel. Entre ellos estaba el autor del Libro “Ketzot Hajoshen” y su hermano, autor de “Kuntras hasefekot”.

Completó el Jafetz Jaim y dijo: “miren las fuerzas de las lagrimas puras y sinceras de un Iehudí, capaces de cambiar el curso de los decretos del cielo y traer salvación a la vida de los Iehudim, también cuando se había decidido diferente en primer lugar.”

Netanel Moshé Duer, Sivan 5780

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