PAUSA N°118 -“MEGUILAT ANTIOJUS”- LA VERDADERA HISTORIA DE JANUKA DESDE ADENTRO

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“MEGUILAT ANTIOJUS” –LA HISTORIA DE JANUKA DESDE ADENTRO-

Así como en Purim, tenemos la “Meguilat Esther”, la cual relata todos los sucesos ocurridos en esos días, en Januka tenemos la poco conocida “Meguilat Antiojus”. Esta no pertenece a los veinticuatro libros del Tanaj, y hay diferentes versiones sobre a quién adjudicarle su autoría.  Algunos dicen que la escribieron los propios Hashmonaim, hijos de Matitiahu. Otros, en cambio dicen que fueron los ancianos de las yeshivot de Bet Shamai y Bet Hilel los autores de esta obra.

Compartiremos pues, una traducción libre de la misma para que podamos conocer desde adentro la verdadera historia de januka.

Fue en los días de Antiojus, rey de Grecia, el cual era una rey muy grande y fuerte. Firme en su reinado, al cual todos los demás reyes obedecían. Conquistó muchos países y poderosos reinados, destruyendo sus coronas, quemando sus palacios y enviando a sus habitantes a prisión. Desde los días de Alejandro Magno, no existía un rey tan poderoso.  Antiojus, construyó un gran país a orillas del rio, donde posó allí su reinado, lo llamó “Antiojia” en honor a sí mismo.  También Bagris, el virrey,  construyó otro país, al frente de Antiojia y lo llamó “Bagris” en su propio honor.

En el año veintitrés de su reinado, que coincidía con el año doscientos  trece de la construcción del Bet Hamikdash, puso sus ojos en Jerusalén.  Dijo Antiojus a sus ministros: “Conocen ustedes al pueblo judío que habita entre nosotros en Jerusalén. A nuestros dioses no sirven y nuestra religión no practica. Las leyes del rey desprecian para cumplir con su religión. No solo eso, ellos esperan con ansias nuestra caída, así como la de todos los demás reinos, y alzan sus ojos al cielo pidiendo: cuando  va a reinar nuestro Rey, y dominará el cielo y la tierra, y toda la tierra nos dará en nuestras manos. Por ello, no nos conviene dejarlos en la tierra. Subamos contra ellos y anulemos su pacto Divino: Shabat; Rosh Jodesh y Milá”. La idea fue aceptada por los ministros.

Envió Antiojus ese mismo día a Nicanor, su ministro más fiel, con gran número de soldados y  cuantioso caudal de ciudadanos. Llagó a la ciudad de “Yehudá”, Jerusalén,  y mató allí mucha gente, construyó un altar en el mismísimo Bet Hamikdash, lugar donde D”s dijo “posaré Mi Divinidad aquí por siempre”. En ese mismo lugar sacrificaron un cerdo y entraron su sangre a los patios sagrados.

Fue cuando escuchó Yohanan, hijo de Matitiahu, sumo sacerdote, todo lo ocurrido, que se llenó de furia y su semblante cambió completamente. Pensó en su corazón que hacer al respecto. Y se fabricó para sí mismo un cuchillo de dos dedos de largo y una pulgada de ancho, el cual escondió entre sus sagradas ropas. Fue hasta el Bet Hamikdash, lugar donde se encontraba Nicanor, se paró en la puerta y llamó: “Yo, Yohanan hijo de Matitiahu, he venido a ver a Nicanor”. Le avisaron a Nicanor y dijo: que entre.

Entró Yohanan y Nicanor le dijo: “¿tú eres de los rebeldes que se rebelaron contra el rey, los cuales no quieren la paz del reino?”. “Sí. Soy yo – respondió Yohanan- Pero ahora he venido delante de ti. Lo que desees que haga, haré.” Nicanor le ordenó que tomase un cerdo y lo ofrende sobre el altar, a cambio recibiría las ropas reales, con las cuales sería vestido para luego ser montado en el caballo del rey, tal y como se le hace a los amigos del rey.

Fue al escuchar esto que Yohanan le dijo que temía por su vida. Ya que si los judíos se enteraran de lo que él hizo, lo apedrearían. Por eso, pidió quedarse a solas con Nicanor, para que nadie pueda ver ni contar a los judíos lo que él iba a hacer. Nicanor dio la orden y quedaron solos. En ese momento, Yohanan levantó sus ojos al cielo y rezó: “D´s mío y de mis padres: Abraham; Yitzhak  y Iaacob, por favor no me entregues en las manos de este profanador, ya que si me mata, se vanagloriará diciendo que Tú me entregaste en sus manos”. Caminó tres pasos, tomó su cuchilla,  la clavó en el corazón de Nicanor  y tiró su cadáver en los patios sagrados.  Dijo Yohanan  frente a D´s: “No pongas sobre mí un pecado por haber matado en los recintos sagrados. Mas, ahora entrégame a todos los que han venido con Nicanor  para sitiar Yehudá y Jerusalén”. Salió Yohanan hijo de Matitiah ese día a luchar contra los griegos y mató de ellos una gran matanza.  Fue el número de muertos que mató aquel día: 772.000 personas.  Cuando volvió de la guerra se hizo llamar “Macabí, el destructor de los fuertes”.

Fue cuando escuchó Antiojus el rey, que mataron a Nicanor, que sufrió mucho. Mandó a llamar a Bagris, el malvado. Le dijo a Bagris: “¿Has sabido o has escuchado lo que me ha hecho a mí el pueblo de Israel? A mis huestes asesinaron  y despreciaron mis campamentos y mis ministros. Ahora, ustedes confían en vuestro dinero ¿acaso es vuestro? Y vuestras casas ¿acaso son vuestras? Por eso  ¡subid a Jerusalén     y romper el triple pacto Divino: Shabat; Rosh Jodesh y Milá!” Y subió Bagris con sus tropas a Jerusalén y mató mucha gente, y decretó en nombre del rey borrar del pueblo de Israel: Shabat; Rosh Jodesh y Milá.

En esos días, encontraron a un hombre que circuncidó a su hijo y lo llevaron frente a Bagris, quien ordenó colgar a la pareja y al niño. Hubo una mujer que enviudó en su embarazo y circuncidó a su hijo en el octavo día. Trepó a la muralla de Jerusalén con su bebe circuncidado en brazos. Y dijo: “¡A ti Bagris! ¿Crees que van a anular de nuestro pueblo el pacto Divino? ¡Shabat; Rosh Jodesh y Milá, nunca se apartaran de nosotros!” luego de decir esto, lanzó a su hijo desde las alturas y saltó ella también detrás del pequeño, muriendo así  ambos. En esos días muchos de los judíos hacían esta práctica con tal de no abandonar los preceptos.

Otro grupo de Israel, fueron a esconderse a una cueva, para poder cumplir Shabat y no profanarlo. Bagris se enteró y mandó mensajeros que se detuvieron  en  la puerta del escondite y les dijeron a los judíos: “salgan y coman de nuestro pan y tomen de nuestro vino y sean como nosotros”.  Mas los judíos dijeron: “preferimos morir y no profanar el Shabat”. Fue entonces que al negarse a salir, los soldados trajeron maderas y prendieron  fuego en la puerta de la cueva, provocando así la muerte de 1000 personas, hombres y mujeres que se encontraban allí dentro.  Después de esta serie de acontecimientos, salieron los hijos de Matitiah: Yohanan con sus cuatro hermanos, confiados en la palabra Divina y lucharon, mataron y echaron al mar al pueblo opresor.

Se escapó Bagris en un barco y con él los que sobrevivieron a la guerra. Fueron hacia Antiojus y le dijeron al rey: tú ordenaste  anular el Shabat; Rosh Jodesh y Milá, los judíos se revelaron, todo tu ejército y tu pueblo no pudieron contra los cinco hijos de Matitiah. Más fuertes que los leones, más agiles que las águilas y más crueles que los osos fueron ellos. Ahora, señor rey, si le parece bien mi consejo, no luchemos solos nuevamente por si seremos burla en la boca de los demás reinos. Por eso, escriba cartas a todos los países del reino  para traer a todos los soldados, sin faltar ni uno. También elefantes vestidos con armaduras que traigan. Le complació la idea al Rey Antiojus y mandó esas cartas a todo el reino.  Reunieron gran número de soldados y elefantes. Se levantó Bagris y subió nuevamente a  Jerusalén.   Rompió la muralla de Jerusalén,   y rompió trece partes del Bet Hamikdash. También las piedras de la muralla las molió, hasta hacerlas polvo. “Esta vez, no podrán contra mí. –Pensó en su corazón- Tengo un gran número de soldados. Ni el D´s de los hebreos calculó esto”.

Cuando Matitiah y sus cinco hijos se enteraron del regreso de Bagris, fueron a Mitzpé Guilad, lugar donde había una comunidad remanente de hebreos que vivían  allí desde la época de Shemuel el profeta y decretaron ayuno. Se sentaron en el piso, pusieron ceniza sobre sus cabezas y rezaron al Todopoderoso. Estos son los cinco hijos de Matitiah: Yehudá, el  primogénito; seguido por Shimon; Yohanan; Yonatan; y Eleazar, el pequeño. Los bendijo sus padre y les dijo: “Yehudá: tú serás  como Yehudá hijo de Iaacob,  quien fue comparado al león. Shimon: tú serás  como Shimon hijo de Iaacob, quien mató a los habitantes de Shejem. Yohanan: tú serás como Abner Ben Ner, ministro de guerra de Israel. Yonatan: tú serás como Yonatan hijo de Shaul Hamelej,   quien dominó a los filisteos. Y Eleazar: tú  serás como Pinjas, que celó a su D´s y expió al pueblo de Israel”.

Y así salieron los cinco hijos de Matitiah, y lucharon matando a muchos. Pero, Yehudá fue lastimado y murió. Y volvieron los hijos de Matitiah cabizbajos a la casa de su padre.  Les preguntó su padre ¿Por qué regresaron? Ellos respondieron  que había caído su hermano en la batalla. Matitiah les dijo: “saldré yo con ustedes a la batalla, para que no se pierda el pueblo de Israel”. Salió Matitiah con sus hijos a la batalla y lucharon.  Les entregó el D´s de los cielos  a todos los fuertes del enemigo en sus manos y hubo una gran matanza. Todos los espaderos; todos los arqueros y los ministros cayeron. No quedo ni uno. El resto del pueblo huyó al mar. Eleazar estaba ocupado matando a los elefantes y quedó atrapado debajo de uno.

Se alegró el pueblo de Israel que le fue entregado al enemigo en sus manos. Algunos los mataron en la hoguera; otros con espada y otros los colgaron. A Bagris, el malvado lo quemaron con fuego. Cuando Antiojus escuchó que derrotaron a su ejército y murieron sus soldados y su virrey, huyó él también.  A todo lugar donde llegaba, se burlaban de él llamándolo: “el escapado”.

Después de esto, fueron los hijos del Hashmonai al Bet Hamikdash y levantaron las puertas rota;  construyeron lo destruido; y purificaron los patios de las impurezas y de los muertos.   Buscaron aceite  para encender las velas y no encontraron sino un solo jarito con lo necesario para encender un solo día. El cual, sellado con el sello del Sumo Sacerdote, daba la indicación que era puro. El D´s  de los cielos que reposa su Divinidad en ese Santo recinto, dio la bendición y esa pequeña vasija prendió durante ocho días. Por eso, fijaron los Hashmonaim y el pueblo con ellos  hacer los ocho días  estos, días de alegría y fiesta como las festividades que están escritas en la Torah. Y encender luminarias para hacer saber del milagro y de la victoria que hizo el Todopoderoso con Su pueblo. En estos días no está permitido  el ayuno, ni despedir a un fallecido. Pero, no fue fijado para anular el trabajo.  A partir de esa fecha, no volvió a resurgir el imperio griego. Le fue entregado el reinado de Israel a los Hashmonaim y a sus hijos, desde ese momento hasta la destrucción del Bet Hamikdash, luego de doscientos seis años.

Por eso, cuidan los hijos de Israel, de todos lados, desde ese día, estos días, los cuales fueron llamados “Januka”, desde el 25 de Kislev, durante ocho días. Desde aquel entonces, eternamente no se van a apartar, como lo fijaron los Cohanim; los Leviim y los jajamim, sobre ellos y sus descendientes por siempre.

Januka Sameaj!!

Shabat Shalom!!

Shelo Duer.