Especial Janucá 5780 – Rab Netanel Moshé Duer – Bajurim Tiferet Israel

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Luz para el alma


Rabenu Yosef Jaim, más famoso como el “Ben Ish Jai” escribe que quien (D-s no lo permita) tiene un enfermo de depresión en su casa o en su familia, como así también alguien que sufre de miedo o preocupación que lo perturba todo el tiempo que mire las luces del candelabro de Janucá, como así también en sus mechas y sus recipientes, ya que estos forman sus siglas la palabra “Nefesh”, (Ner, Petilá y Shemen) que significa “alma”, esto va a ayudar para que esta persona que sufre de estos padecimientos pueda lograr recuperarse de su enfermedad.

El Admur de Slonim escribe que por medio de la observación de las luces de Janucá una persona puede llegar a tener una influencia espiritual directa del Creador, casi como la profecía que lo guiará en la vida frente a todos los obstáculos que se le presenten.

Cuentan una historia acerca de uno de los grandes jajamim de Europa que hace alrededor de cien años atrás mandó a llamar a un Iehudí que vivía en la zona, quien era leñador y pasaba la mayor parte del día en el bosque, este hombre se llamaba R. Patajia. El humilde Iehudí se sintió muy afortunado por ser llamado por su maestro. Rápidamente ya estaba en la puerta de su casa para escuchar su pedido personal. El Rebe cuando lo vio le pidió que puesto a que están llegando los días de Janucá siempre tenga velas largas para poder encender el candelabro de Janucá en el bosque. La verdad es que R. Patajia no solía quedarse durante la noche en el bosque, sino que volvía temprano para hacer el encendido junto a su familia. Pero puesto a que era el pedido de su rabino cumplió con total perfección el pedido que había recibido. Así que fue como de costumbre a su trabajo junto a sus herramientas a fin de talar los árboles y traer el sustento a su casa.

Solo que esa noche no sería como el resto de las noches que venía acostumbrado. Cuando estaba por regresar a su casa al fin de la jornada comenzó a escuchar movimientos los cuales no eran usuales del lugar donde frecuentaba. Algo no estaba bien allí. Se comenzó a preocupar por lo sucedido pero antes de que pueda irse a su casa rápido, dos sujetos saltaron sobre él y antes de que pueda liberarse ya estaba amarrado y amordazado por dos de sus compañeros que solían trabajar cerca de donde él se instalaba. Rápidamente comenzaron a vaciar sus bolsos robando todo lo que él llevaba consigo. Él no podía comprender que había pasado con ellos. Hasta ahora eran sus compañeros y de repente se convirtieron en sus enemigos y  sus atracadores.

En sus pensamientos creyó que estos después de quitarle sus pertenencias lo dejarían y por lo menos podrá regresar con su familia, pero para su sorpresa  dijeron que debido a que él sabe quiénes son sus atracadores no les queda más remedio que acabar con él.

El Iehudí se estremeció de lo que acababa de escuchar. Se puso a pensar en su familia, en su Creador. ¿Acaso son estos sus últimos minutos en el mundo actual? ¿Qué puede hacer por Hashem en estos momentos? En ese momento le vino a la mente las velas que le había encomendado su maestro. Pidió que le dejen un último deseo antes de morir y este era el poder encender las velas de Janucá en ese momento, con el fin de que cuando suba esa luz al cielo lo acompañen en este nuevo viaje. Ellos accedieron sin soltar sus armas y R. Patajia preparó sus velas y las acomodó con cuidado y en fila donde se dispuso a cumplir con lo que podía ser su último precepto. Encendió el fuego y bendijo las berajot con total emoción. Luego del encendido dijo el párrafo de “Hanerot Halalu” y en su interior rogó al Todopoderoso que así como lo hizo milagros a nuestros antepasados en días como estos, lo haga también con él.

Justamente en ese momento apareció en escena el gobernador junto a toda su comitiva con caballos y todo eso. Al aparecer descubrió a los ladrones con sus armas al descubierto. Rápidamente sus acompañantes persiguieron a los malvados y liberaron a R. Patajia devolviéndole todas sus pertenencias, como así también encerrando a los otros leñadores.

R. Patajia estaba muy agradecido, pero preguntó al gobernador que era lo que hacía en ese lugar y en ese momento. El jerarca le explicó que justo ese día estuvo de cacería y se le había perdido su anillo. Por lo tanto regresaron a buscarlo. Gracias a las luces de tus velas me guiaron para encontrarte.

Cuando regreso fue directamente delante de su Rebe y muy emocionado le dijo: “Rebe, Las velas de Janucá  me salvaron la vida”. El Rab le contestó: “Sabe que las velas de Janucá le hace milagros tanto a ti como a todos los Iehudim, ya que esta fiesta es un tiempo de grandes milagros en la vida de cada uno de nosotros.

Netanel Moshé Duer, Kislev 5780

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