Perashat Koraj 5778 – Rab Netanel Moshé Duer – Bajurim Tiferet Israel

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Camino a la fama


Si tenemos que determinar cuál fue el disparador por el cual Koraj cometió un error tan grave de pelear con Moshé y Aarón, hablar calumnias de ellos y también de los preceptos de la sagrada Torá esto se debe a que Koraj era una persona ambiciosa, en primer lugar en el buen sentido de la palabra, pero a medida que esto iba avanzando se fue empeorando cada vez mas hasta llegar a lo que nosotros ya conocemos. En la Torá la rivalidad a base del desarrollo ajeno o la envidia del progreso de otras personas es llamado “Kinhat Sofrim” que significa “Envidia de sabiduría” esto en un punto es positivo ya que así como existe quienes influencian a otros para hacer algo malo por medio de las acciones y el ejemplo personal, también están quienes llevan a causa de sus actos a otros a imitarlos para hacer cosas buenas. Así como existen las modas de ropa o de peinados, también existen modas de ideales o conductas. Hasta ahí está todo bien. La pregunta que tenemos es: ¿cómo hacemos para hacer que esta envidia en primer lugar sana no se convierta en una pesadilla o en un descontrol generalizado, así como ocurrió en la época de Koraj?

Antes de responder veremos otros dos casos en los cuales uno de ellos tuvo un final feliz, mientras el otro lo contrario.  Uno de ellos es la historia de Tamar con Iehudá. Tamar vio en la profecía que de ellos dos saldría el rey del Mashiaj y esto la llevó a ir a su encuentro. El segundo caso es de la esposa de Potifar quien vio que de su descendencia junto a Yosef saldrían buenas personas. Las dos mujeres tuvieron una intención principalmente positiva, solo que una de la dos, Tamar, al ver que para lograr ese cometido era con un costo muy alto, donde tenía que exponer a Iehudá a una acusación muy grave arruinando su reputación prefirió hacerse a un lado inclusive que esto la condenaba a  la hoguera. En cambio, en el caso de la esposa de Potifar al ver que no estaba consiguiendo su objetivo acusó a Yosef de violación y lo mandó a la cárcel durante doce años. En conclusión el fin no justifica los medios. Tener ambición de crecimiento espiritual  es muy bueno pero no a cualquier precio. No podemos atropellar a todo el mundo en el afán de lograr una meta. Dentro del crecimiento hay una materia que corre en la línea de lo social y si para llegar a un destino debemos pisar a gente en el camino esto ya no se justifica, ya es prohibido.

Koraj sentía la necesidad de escalar más alto y eso estaba muy bien, pero al ver que no podía alcanzarlo por los medios convencionales, eligió el juego sucio, se convirtió en un trepador, se encegueció en alcanzarlo de cualquier modo y eso lo llevó a un callejón sin salida.

En la sociedad en la que vivimos se repite un común denominador que para lograr un objetivo no importan los medios que se utilicen, todo está permitido y justificado. Cualquier persona que quiere saltar a la fama acusa a alguien y así aparece en escena y ahora todos van a pasar a conocerlo. Cuando un grupo de personas reclaman algo, sienten que tienen la autorización de cortar las calles molestando a quienes no tienen nada que ver para  lograr lo que buscan.

Pero si fuera solo esto no sería mucho problema, por lo menos para nosotros que no estamos en ese ambiente. El problema es que también en el ámbito en el cual vivimos  se crean esas situaciones cuando por error, con el fin de progresar comunitariamente, utilizamos medios no convencionales para lograr un objetivo. Y a veces se perjudica a alguien de forma directa. Hay que tener bien en claro que el progreso y la ambición son cualidades que nacieron con nosotros y nos estimulan a diario para superarnos, pero debemos respetar a quienes nos acompañan en este viaje sin perjudicar a nadie y conviviendo  todos en paz.

Netanel Moshé Duer, Sivan 5778

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